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11 de agosto de 2012

Cine; reflejo o representación



En nuestra sociedad podríamos decir que lo visual es el sentido maestro, toda la información nos entra por los ojos, como si los otros sentidos fuesen unos meros artilugios que sirven para confirmar la información que recibimos a través de la mirada. Numerosas frases populares vienen a confirmar la afirmación antes hecha; “ojos que no ven corazón que no siente”, “una imagen vale más que mil palabras”, “ver para creer”.  Es a través de la mirada que conocemos el mundo, y por eso las artes, en especial las disciplinas visuales, suelen tener el carácter de “representar” la realidad, de ser un espejo de la sociedad y de la vida misma.

Pero es el cine la disciplina moderna que goza de las mayores atribuciones para mostrarse como representante de lo “real”. Y es que desde sus comienzos, el cine en se presentó como un reflejo de la realidad  de manera irrebatible,  por ejemplo en una de las primeras cintas grabadas por los hermanos Lumière, Llegada de un tren a la estación, se cuenta que los espectadores que vieron por primera vez la película se echaban hacia atrás pensando que el tren se saldría de la pantalla, incluso algunos habrían salido corriendo de la sala donde se proyectaba la película. 

Son numerosas los enfoques teóricas que se encuentran en torno al arte cinematográfico, refiriéndonos a su carácter de “realidad”. Algunos se posicionan más cercanos al cine como un “espejo” de la realidad, como un arte capta de mejor forma la realidad social, mientras que otros consideran al arte cinematográfico como un dispositivo que “deforma” la realidad y otorga representaciones manipuladas por el  director de la obra. Incluso adentrándonos mucho mas en estas discusiones teóricas, la pugna entre un “cine ficción” y el “cine documental” ha sido bastante larga, argumentando sobre cuál de estos dos géneros fílmicos es el que capta de mejor forma la realidad. 

Bill Nichols es un teórico que asume ambos géneros con características  similares entre ellos, planteando que “el documental es una ficción como cualquier otra, que el mundo en el que habitamos es una construcción social en la misma medida que cualquier ficción es una construcción imaginaria, que lo que encontramos “ahí” no es sino lo que postulan nuestros códigos y sistemas de signos, esto debe, ponerse en tela de juicio”  (Bill Nichols, 1997:151).

El asunto está en saber si el trabajo que realiza el cine podría considerarse una representación del statu quo de un cierto período histórico, o de una sociedad determinada. En cuanto al concepto de representación, para Nichols “la representación implica que una cosa ocupe el puesto de otra, que una imagen o sonido grabado ocupe el lugar del que fue “tomado”. “Tomado” aparece entrecomillado porque este “tomado” no es una sustracción: la cosa sigue ahí” (Bill Nichols, 1997: 198). Luego de esto, podríamos afirmar que existe un nexo poderoso entre el referente y la representación,  planteando incluso que para algunos la representación podría tomar el lugar del referente, asumiendo la representación de un film como algo absolutamente verídico. 

Consideramos que, aunque el cine en sí representa “elementos” de la realidad, sería caer en la absoluta ingenuidad aceptar que el discurso fílmico puede reflejar la sociedad tal cual. Hay que entender que el cine es un dispositivo que exhorta al espectador a verlo como realidad histórica debido a su forma de exposición, ya que se presenta “como” si fuese equivalente a la realidad en un espacio temporal determinado, en palabras de Nichols “el filme revela lo que podríamos haber visto a nuestro alrededor si nosotros también hubiéramos mirado con un ojo paciente y perspicaz” (Bill Nichols, 1997: 35). Pero como planteamos, el cine solo muestra un “espacio” de tiempo determinado, por lo que no comprendemos lo que sucedió antes o después de la acción, solo se expone una parcela de la realidad, para que fuese representación verídica de un período sociohistórico determinado tendría que grabar una acción sin parar ni editar. Además como arte, el cine construye una cierta imagen, es una imagen elaborada la que se expone en la pantalla, como lo muestra Kristeva  “el cine no copia de manera “objetiva”, naturalista o continuada una realidad que le es propuesta: recorta secuencias, aísla  planos y los vuelve a combinar por medio de un nuevo montaje. El cine reproduce cosas: las manipula, las organiza, las estructura” (Julia Kristeva, 1988; 285). El cine refleja una realidad, que viene de “vuelta” con la presencia o la voz del autor, por lo que deja de ser totalmente real. La realidad en la obra está intervenida, manipulada, presentada con un sentido, por lo que hay que “leerla” o mejor dicho “descifrarla”, por lo que ésta es unas de las ventajas (o desventajas) del cine ficción.

Como vemos, es imposible que el cine ficción (y el cine documental incluido) puedan representar a cabalidad la realidad de un país, un hecho histórico, un acontecimiento determinado, la vida de un personaje público, etc… Pero el cine ficción puede construir una semirealidad a través del dispositivo fílmico,  el cine produce efectos de realidad y de poder como dice Fanlo, que están enclavadas en un tiempo-espacio y que producen y constituyen las subjetividades de espectadores de un determinado período histórico. Para finalizar nos preguntamos ¿El cine refleja o representa las historia social de un período determinado? Preferimos utilizar un término hibrido, reflejo/representación, ya que para esta investigación consideramos al cine un espejo, pero un espejo deformado como aquellos que existen en los circos, que deforman la realidad, muestran una realidad intervenida a través de un relato que contiene una cierta ideología en su contenido.

-  Nichols, Bill “La representación de la realidad” Ediciones Paidós, Barcelona, 1997
- Kristeva, Julia “El lenguaje, ese desconocido” Editorial fundamentos, Madrid, 1988 



5 de febrero de 2012

Oscar Brahim; Un Quijote manejando taxi


La publicidad en nuestra sociedad juega un papel fundamental para la reproducción del sistema capitalista. Es omnipresente ya que se encuentra en todos los ámbitos; la televisión, la radio, revistas y periódicos, internet y por supuesto, en el espacio público. La calle es una de las trincheras donde las corporaciones batallan por ganar clientes, pero para la mayoría de las personas pasa desapercibida, la miramos de reojo en el apuro de la vida cotidiana, no nos detenemos a admirarla o criticarla, no nos produce nada ya que estamos acostumbrados al bombardeo publicitario del cual somos víctimas.

Oscar Brahim es un sujeto que al viajar en su taxis por la ciudad de Buenos Aires diariamente, la publicidad se le vuelve visible y tangible. No puede mirarla de reojo, está allí, en cada cuadra que dobla y en cada semáforo en rojo que para. Por eso él es consciente del bombardeo y le ofusca esa violencia visual, esa dictadura de la publicidad que se impone en las murallas y carteles a fuerza bruta, sin preguntarle a nadie, sin estudios sobre el entorno, se posa en el espacio público volviéndolo un escenario más de la mercancía.


Existen personas que también comparten ese enojo, pero no actúan ni reaccionan ante él. Oscar sí, lo pelea, lo “combate” como plantea en el documental, interviniéndolo, rayándolo, transformándolo en un discurso de resistencia, en una ideología contra esa tiranía mercantil. Es un rebelde, un superhéroe, como aquellos que vemos y leemos desde pequeño. De día es taxista, pero de noche agarra sus latas de pintura, esténcils, escaleras y afiches para transformar aquello que lo indigna. A veces son rayones sin sentido, otras caras manipuladas, lo central de este acto creo yo no es el “sentido” ni proclamar un discurso ideológico claro, lo medular es cambiar el significado del mensaje publicitario, truncar  el fin de la imagen volviéndola inútil. Pero en ese ejercicio iconoclasta, ese accionar político la publicidad abortada pasa a ser un objeto artístico, una declaración de principios para una sociedad centrada en el consumo. 



El documental nos deja muchas cosas y sensaciones, sobre todo el personaje de Oscar, un hombre que en el transcurso del documental le acontecen problemas económicos y familiares pero él sigue con su amor al arte, con su contracultura. Muchos nos enojamos contra el sistema, nos indignamos (palabra tan de moda últimamente) pero nos quedamos con esa amargura, peleamos en la locomoción colectiva o en nuestro hogar pero seguimos siendo  seres pasivos. Él enseña que hay que realizar un acto de catarsis, que una acción conlleva a una reacción, y si la publicidad nos invade, invadamos la publicidad. Oscar no podrá ser el mejor artista urbano que existe, pero lo que hace lo realiza con pasión, en contra de todo y de todos. Es un loco, un Quijote que lucha contra  molinos cubiertos de marketing, pero reacciona frente aquello que le molesta, y si todos hiciéramos lo mismo podríamos hacer de este mundo un lugar un poquito más agradable y humano. 







15 de enero de 2012

zoologicos (in)Humanos; Extranjeros por siempre

Encerrar siempre es un acto violento. Ya el hecho de cerrar un terreno, un espacio es delimitarlo, parcelarlo y apropiarlo. Es un acto en el cual se plantea que “lo que está en su interior me pertenece”. Al enclaustrar no solo transformas la naturaleza, su aspecto, sino también lo que queda en su interior. Siempre el interior de lo encerrado se interviene, se transforma, muta en algo diferente a lo que estaba en su estado natural, se rompe esa relación intrínseca con lo natural. 

En Chile a fines del siglo XIX, numerosos indígenas patagones, principalmente kawésqar, fueron llevados a Europa para ser exhibidos como rarezas de circo y estudiados por la comunidad científica. Así como quien exporta materias primas, o caza animales exóticos, nuestros aborígenes fueron echados en barcos en las costas magallánicas para ser mostrados en ferias, circos y museos, todo esto bajo la venia del estado chileno.

Claramente estos viajes no fueron demasiado auspiciosos para los nativos de la Patagonia, ya que durante el traslado muchos fueron maltratados por los tripulantes, las mujeres abusadas, contrayendo enfermedades venéreas que mataron a gran parte de los  indígenas. Pero las penurias no solo las sufrirían sobre alta mar, ya que al llegar a Europa, serían objeto de análisis de médicos y antropólogos, midiéndolos, fotografiándolos y obligándolos a actuar en público. 
Los científicos del viejo mundo miraban a los indios como seres inferiores, el eslabón perdido entre humano y animal, por ello era grande interés de la academia en estas razas de humanoides que fueron descritas por Darwin en sus viajes al cono sur. Mientras unos utilizaban a estas “personas” como objeto de estudio, otros los ocupaban como entretención de masa, siendo parte de caravanas junto con enanos, mujeres barbudas y un montón de personajes que adornaban circos y zoológicos de aquellas épocas. En torno a estos indígenas se recreó un cierto imaginario de indomables y carnívoros, utilizando escenografías que aludían y promovían estas características. 

En torno a estos hechos se editó un libro denominado “zoológicos humanos” de Christian Báez y Peter Mason, el documental “calafate, zoológicos humanos” y la obra de teatro “Extranjero; el último Haim”. Ésta última presencie algunos días y es un trabajo realmente sensacional. No solo la puesta en escena, las actuaciones y música, sino que la historia está contada de manera sencilla pero llena de señales y sutilezas que nos hacen entender lo que sintieron los indígenas en aquellos viajes.

Esto nos lleva a pensar en que estos individuos al ser despojados de su tierra, quedan desamparados. Fueron expuestos como curiosidad etnográfica, tratados como humanoides por una “superioridad” racial de un continente supuestamente civilizado. Exhibidos bajo condiciones precarias, lo que los hacía vulnerables a enfermedades que para ellos eran nuevas. Todo este calvario acabó con la vida de mucho de ellos, pero aquellos que sobrevivieron y regresaron al sur de Chile no volvieron a ser los mismos. Extranjeros, siempre serán extranjeros, al ser despojados de su humanidad, de su alma, de su esencia, no son del nuevo ni del viejo mundo, de la civilización ni de lo salvaje, son como aquellos animales en cautiverio que al volver a su hábitat mueren, son despreciados por el resto, su hedor expele la diferencia.

Hace dos siglos ocurría esto en Europa y en nuestro país, a nuestros aborígenes los exportaban para ser entretención de la comunidad científica y de la aristocracia europea, pero el mundo avanza y se transforma, lo que es socialmente aceptado en un futuro no muy lejano dejará de serlo. Espero que el trato que tenemos con nuestros pueblos originarios cambie para mejor, que no se permita nunca más en ninguna parte el encierro de personas como entretención de unos pocos, o como objeto de estudio para el prestigio de una clase. Todos nacemos libres, nadie ni nada debería ser puesto en una jaula, ni seres humanos ni animales, y por eso espero que en un futuro no muy lejano, las rejas se supriman y vivamos en libertad como lo hacemos al nacer.