22 de octubre de 2011

Encapuchados y violencia social

Las “batallas campales” (como dicen los periodistas) que transcurren entre los encapuchados y carabineros se transformó en un panorama común al finalizar las marchas estudiantiles. Las “escaramuzas” de los denominados “anarquistas” sustituyeron a los Venegas como programa favorito de la hora de almuerzo nacional, por lo que en vez de la familia del viejo pelado, son las barricadas, los apedreos a carros y funcionarios policiales la manera de subir el rating en los noticiarios del medio día y de la noche.

En primera instancia, considero que no podemos escandalizarlos de la violencia social en una sociedad violenta, esto es de una hipocresía desmesurada. Los mismos medios se han encargado de mostrar las violencias de las marchas en horario prime de forma majadera, sin contar con las series de crímenes, asaltos, violaciones, guerras, peleas, discusiones, choques, y un sinfín de actos violentos que emana la pantalla a cada hora.

Segundo, creo que podemos visualizar dos tipos de violencia, una real y otra simbólica. Violencia real es aquella que todos entendemos como tal, un piedrazo, un palo, una mala palabra, algo tangible ante nuestros ojos. La violencia simbólica la considero como una violencia connotada y sutil, es aquella violencia que no te golpea pero te daña de igual forma, el no poder seguir estudiando por no tener recursos, el dividendo usurero de tu casa, no poder operarte porque el seguro no te lo cubre, son parte de aquella violencia que todos hemos experimentado alguna vez en nuestras vidas. Por lo que los encapuchados son fruto de una violencia real y simbólica, la reciben a diario y tratan de devolvérsela al sistema. La forma no la comparto, destruyendo el inmobiliario público o pegándole un peñascazo al “paco” no afecta al sistema, la fuerza policial no es más que un peón de ajedrez de este tablero llamado sociedad.

En tercer lugar, creo que los medios legitiman solo un tipo de violencia y criminalizan otra, solo están para legitimar la hegemonía de una clase sobre otra. Solamente se escandalizan de la violencia contra la policía, pero nunca se pregunta ¿Por qué solo un tipo de violencia es justificado y el otro es criminalizado? ¿Por qué pegarle a un estudiante no es repudiable y a un policía si? ¿Por qué solo la policía tiene el derecho a golpear y la gente no tiene derecho a defenderse? Con la posición que tienen los medios de comunicación masiva, solo podemos ver que están de acuerdo con el monopolio de la violencia como forma de mantener la estructura social existente. Estamos tan sometidos a un discurso que el sistema lanza a través de éstos medios, que nos posicionamos al lado de éstos a criminalizar también a aquellos que osan destruir el orden público.

También creo que es necesario saber que existen dos tipos de encapuchados. El anarquista, que posee un discurso político detrás, el que la piedra que lanza “está cargada de sentido” y es más “consciente” de los actos violentos que comete. Por otro lado está el “sopaipa” que es el joven popular que solo sigue a los demás sin contener un discurso político en su interior, destruye como lo hace cuando va al estadio, saquea y roba sin importar nada a su paso. Estos últimos son objeto de discriminación al interior del movimiento también, por lo que no se sienten parte de ese montón de “hippies” (o “amarillos” como dirían los anarcos) que le gritan “que se vayan los sopaipas” cada vez que llegan a una marcha. Ambos desde su rabia y disconformidad atacan a la policía como forma de manifestar ese descontento social.

Por último, creo que la violencia social es algo que los gobiernos no quieren eliminar de frentón. Poseen todos los medios y si quisieran hacerlo, ya hubiesen detenido a todos los encapuchados que son los mismos en todas las manifestaciones. Pero no, la violencia ejercida por estos sujetos es una buena motivación para, primero, criminalizar el movimiento estudiantil y no realizar una transformación real al sistema educativo chileno (pa’ que quieren educación gratis si andan puro tirando piedras, dice el sentido común nacional). Por otra parte, la violencia ciudadana sirve para ejecutar leyes que no solo afectan a los violentistas, sino que también coartan el derecho a manifestarse y a protestar de forma libre.

Creo que existe una violencia legítima, que podría denominarse una violencia revolucionaria, pero ésta es ejercida por toda una sociedad, por todo un pueblo que se defiende como ocurrió en El Salvador o Nicaragua. Pero esta violencia individualista, la barricada y la violencia aislada perpetrada por grupos minoritarios, no genera ningún cambio ni afecta a la estructura de poder, además que vuelve a la sociedad reticente y lejana al cambio social, haciendo que ésta legitime la represión y la coaptación de los derechos civiles. Si la sociedad no entiende la lucha que se está dando en las calles, es responsabilidad de todos dar a conocer las razones y motivaciones de porqué se está luchando, romper el cerco comunicacional y educar sobre las miles de razones por las cuales estar indignado y manifestándose en las calles.





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