"Perdonad, comprended y luchad incansablemente por la libertad, la justicia y la fraternidad"
Clotario Blest Riffo
(1899 - 1990)
La gracia de la cinta es que a todos los que la hemos visto (en mi opinión) nos dan ganas de irnos a la mierda. De cerrar el muro de facebook y caminar con una mochila llena de libros, de recuerdos, y perderse en la naturaleza, de volver al origen casi de la humanidad, desde donde venimos. En un mundo caótico donde al levantarnos lo hacemos escuchando música, en el metro hay televisores, en el trabajo hay música y ruidos molestos, en la calle suenan los automóviles y buses, en la noche la televisión nos acompaña con tonterías, en una sociedad como ésta, el silencio se transforma en un tesoro preciado. ¿Quién no ha sentido ganas de escapar de las deudas, del trabajo monótono, de los falsos amigos, del vivir de las apariencias, de la farándula, de los políticos corruptos, de la enfermedad, de la miseria? A todos nos gustaría introducirnos en la selva y no volver jamás, claro que con una cerveza en la mano y un ojo puesto en el celular.
Pero
José no tiene derechos laborales, porque no tiene trabajo, es un número en
aquellas estadísticas de desempleo del gobierno central. Posee trabajos
esporádicos y se las arregla para mantener a su familia, constituida por su
pareja y sus dos pequeños hijos. Para el empresariado y parte de la elite
nacional, este hombre es un emprendedor, porque se las ingenia para ir
funcionando a la par de la contingencia: vende helados en verano, lápices con
linternas y bolígrafos en marzo, chocolates y galletones en la entrada al
invierno, flores para el día de la madre, juguetes tóxicos multicolores para el
día del niño, helados con gusto a copete para las fiestas patrias, dientes de
vampiro en halloween, tarjetitas para pegar en los regalos en navidad, antifaces
para las fiestas de año nuevo.